Introducción a Cubagua / Don Pablos de América

Podemos imaginarnos a Enrique Bernardo Núñez leyendo un viejo ejemplar de la Recopilación historial de Venezuela de fray Pedro de Aguado, en La Asunción, en la capilla de la iglesia franciscana transformada en oficina de un precario proyecto periodístico. De esto nos habla en un conocido artículo del final de su vida. Entonces tenía 30 años de edad, y había llegado a la isla de Margarita invitado por Manuel Díaz Rodríguez, presidente del estado Nueva Esparta. El todavía joven artista necesitaba motivación para escribir y algo que le permitiera llevar adelante su obra literaria. Necesitaba una salida a la  retórica que había embrollado su novelística anterior y frustrado varios de sus proyectos narrativos, que no realizaría o quizás destruyera antes de que llegaran a ser conocidos. No había tenido suerte crítica con sus primeras dos novelas, y buscaba una forma que tampoco en él encontraba su estilo. Pero su inquietud no era solamente estética, sentía la necesidad de indagar en las oscuridades del tiempo colonial para armar una comprensión propia de la realidad nacional, de su presente. No era una mera pesquisa de temas, sino una voluntad de saber y comprender que orientaría su actuación pública como intelectual.

Entonces, si fue casual el encuentro con la obra del fraile en aquel lugar insólito, no lo era la intención de su lectura ni le sería ajeno lo que encontraría en ella. Contrastó la experiencia «contada» por el cronista, coetáneo de la Conquista a comienzos del siglo xvi, con la suya propia cuatro siglos más tarde. Ya imaginando su principal obra, debió cruzar los pantanosos límites entre ficción e historia, el pasado fijado en escritura como verdad y su propio presente transfigurado en imaginación. Lo notable de su descubrimiento era que se trataba de una historia que se había desarrollado en el mismo espacio geográfico en donde se hallaba y leía, y el lugar desde donde se habían relatado esos hechos fundadores de la nación, testigos de la emergencia territorial del continente. Con esos materiales desarrollaría Cubagua, tratando el tema histórico como nunca se había hecho en la literatura nacional, sin que pueda señalarse un antecedente evidente, y muy poca herencia posterior. La experiencia destructora de la Colonia —expresada en sus tres registros: humano, económico y natural— y los riesgos del anunciado «progreso y desarrollo» de la modernidad petrolera, iniciada durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, se cruzaban en similitudes y permanencias. Sin embargo, no iniciaría todavía su novela.

En realidad, al momento de su encuentro con Pedro de Aguado, Núñez estaba inmerso en una colección de relatos cortos, quizás detenida, que se vería casualmente reforzada por la sorpresa de la lectura. Mientras tomaba apuntes para lo que sería Cubagua, la crónica colonial también le servía de inspiración y base documental para dos nuevos cuentos, uno sobre un místico soldado español en las filas de los Welser, llamado Martín Tinajero, y otro sobre un rey cimarrón, en la zona de Panamá, conocido como Bayamo. Al mismo tiempo y seguramente trabajando los tres relatos a la vez, reconceptualizaba el que ya había comenzado en 1923, «Don Pablos en América», cuya referencia evidente es el protagonista picaresco de la Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños, de Francisco de Quevedo, publicado por primera vez en 1626. La crónica conquistadora le permitió reelaborar su versión de la etapa final de la vida de don Pablos, dándole rasgos de permanencia equivalentes a los que desarrollaría en la novela, y de allí la decisión de titular el conjunto con su nombre, en un gesto aglutinante de los tres personajes y los tres relatos.Autor: Enrique Bernardo Núñez Colección : ElDorado

Es decir, antes de concretar el sorprendente análisis socioeconómico que se revela en Cubagua, los tres cuentos lo llevarían a pensar la constitución psicosocial del sujeto continental. Estrechando la unidad de sentido que existe entre novela y relatos, en lo estético y en su basamento histórico, propuso una interpretación de la sociedad americana como un continuo lleno de contradicciones. Es desde aquí que hay que rechazar las tesis eunucas que buscan valorar a Núñez (y a otros de los llamados outsiders de la literatura continental) como predecesor o mero anticipo de estilos narrativos que desarrollarían más tarde escritores de renombre internacional y éxito comercial, sea realismo mágico, nueva novela histórica latinoamericana o, incluso, narrativa posmoderna. Don Pablos en América y Cubagua evidencian logros en sí mismos, estilo maduro y propio, lejano ya de su obra anterior, y muy distinto de lo que se escribía en Venezuela en ese momento. A partir de entonces, profundizaría su complejo y personal vínculo con lo histórico que, más allá de la brevedad que caracteriza su proyecto narrativo, es donde se encuentran los rasgos determinantes de su pensamiento y su trascendencia como escritor.

 

Alejandro Bruzual

Caracas, agosto de 2016