Introducción

Se ha discutido con bastante frecuencia el carácter filosófico de las obras de Nietzsche. Algunas parcelas de la filosofía prefieren otorgarle solo el carácter de literatura a sus escritos, especialmente las corrientes poco inclinadas a la reflexión sobre el arte. Esto se debe en gran parte al particular estilo de sus obras. Se trata de una filosofía que se desliza hacia una crítica de la cultura, donde el autor lejos de permanecer anónimo, se nos muestra de manera casi impositiva, arrogante, negándose a presentar pruebas sobre sus principales argumentos. Es una obra que se caracteriza por su no-sistematización y que utiliza el aforismo como recurso expresivo. Con una manera de escribir que seduce y sacude, Nietzsche le imprime una pasión a sus escritos que parece desdibujar la objetividad de sus ideas. Todo esto hace más difícil no solo la interpretación de su filosofía, sino su reconocimiento mismo.

De igual forma, la pregunta de si existe o no una estética en la filosofía de Nietzsche ha generado un gran número de investigaciones. De lo que no cabe duda, es de que convierte el arte en el punto de partida de su filosofía. Esto trae como consecuencia una concepción del arte abierta a numerosas interpretaciones y proyecciones. Nietzsche se inserta en la historia de la reflexión sobre el arte desde una óptica particular, lo hace desde la perspectiva del artista.

Se podría diferenciar una primera etapa o período juvenil dentro de la «estética» de Nietzsche. En esta época, la publicación de El nacimiento de la tragedia en 1872 representa el destino final de un camino que en su recorrido ve forjarse cinco ensayos redactados entre 1870 y 1871 llamados Escritos preparatorios o Escritos póstumos 1871-1872.

En El nacimiento de la tragedia, nuestro autor dirige su mirada a la tragedia griega, intentando «fundamentar teóricamente el drama musical wagneriano como extensión del drama musical griego»1. Nietzsche filosofa en el terreno de la filología. El libro es un homenaje a los ideales artísticos de Richard Wagner, apoyado en la metafísica del arte de Schopenhauer. Nietzsche afirmará muchos años después, en su Ensayo de autocrítica, escrito en 1886 y añadido a la segunda edición de El nacimiento de la tragedia, que en el fondo de su primer libro subyace una «metafísica de artista».

La intención de nuestra investigación es proponer un acercamiento a esta «metafísica de artista». Esto supondría en primer término explorar la relación que mantiene el joven Nietzsche con la historia de la metafísica tradicional. Es en este contexto donde autores como Eugen Fink, por ejemplo, afirman que la crítica a la metafísica que inaugura la filosofía de Nietzsche es una respuesta a la conceptualización de la realidad. El arte sería presentado como la actividad propiamente metafísica del hombre.

Surge también la pregunta por las influencias más importantes de este primer período de la filosofía de Nietzsche. Esto supone encontrarse con la figura ineludible de Arthur Schopenhauer y la interrogante de si ya en El nacimiento de la tragedia es posible conseguirse con un pensamiento original, libre del influjo de este y otros pensadores. Para la orientación en este tema contaremos con el libro de Manuel Barrios Casares: Voluntad de lo trágico. El concepto nietzscheano de voluntad a partir de El nacimiento de la tragedia.

En Schopenhauer encuentra Nietzsche ampliamente expuesto el problema metafísico. Es básico un estudio detallado de El mundo como voluntad y representación para comprender la «metafísica de artista» nietzscheana. La presencia de Schopenhauer en esta etapa del joven Nietzsche, sienta las bases de un filosofar que tiene la metafísica como horizonte.La metafísica de artista Goar sáchezPero, ¿cómo está formulada esta «metafísica de artista »? En un primer acercamiento los conceptos que parecen resaltar en esta noción son los siguientes: lo Uno primordial, lo apolíneo y lo dionisíaco, el principium individuationis, la bella apariencia y la visión trágica del mundo. Nietzsche expresa lo apolíneo en términos de «sueño» y lo dionisíaco en términos de «embriaguez». Lo apolíneo respondería a una religiosidad cuyo origen y esencia encontraríamos ya en los griegos, mientras que en la base de lo dionisíaco estaría una religiosidad de tipo orgiástico, cuyo origen encontraríamos en Asia. El estado dionisíaco nos impulsaría a la pérdida de identidad, a la identificación con lo Uno primordial, con la esencia de la naturaleza, mientras que el impulso apolíneo nos remite más a una idea de equilibrio plástico. Otro de los conceptos que destaca en una aproximación a esta «metafísica de artista» es el de apariencia: «en la medida en que la creación del mundo como apariencia es la actividad propiamente metafísica del hombre artista y del filósofo, como forma suprema de aquel». Nietzsche toma de la tradición la definición del arte como creación de un mundo de la bella apariencia. Así por ejemplo, para De Santiago Guervós, en su libro Arte y poder. Aproximación a la estética de Nietzsche, la oposición entre impulsos sensuales y racionales de Schiller es antropomorfizada por Nietzsche en las fuerzas dionisíacas y apolíneas. Nietzsche contrapone la apariencia estética a la realidad empírica. No piensa el arte desde la verdad, sino que lo define como «apariencia», ya no habrá ningún «ser en sí» sino puras perspectivas, interpretaciones, en definitiva pura apariencia.

Asimismo, otra idea fundamental en esta «metafísica de artista» es la de Uno Primordial. Nietzsche parece concebir la voluntad de Schopenhauer como Ur-Ein, como Uno primordial: «como la fuerza ciega y caótica que busca forma y expresión en la “apariencia”». Podríamos ver este Uno primordial como un «dios creador», pero completamente amoral.

La noción de «metafísica de artista» también puede ser abordada desde otra perspectiva: la visión trágica del mundo. Para Fink, por ejemplo, el tema fundamental de El nacimiento de la tragedia es la definición de Nietzsche de la esencia de lo trágico:

En el fenómeno de lo trágico ve él la verdadera naturaleza de la realidad; el tema estético adquiere para Nietzsche el rango de un principio ontológico fundamental; el arte, la poesía trágica se convierte para él en la llave que abre paso a la esencia del mundo.

Esta perspectiva, junto a los conceptos antes mencionados, parece articular un todo que estudiado detalladamente formaría la «metafísica de artista» que subyace a El nacimiento de la tragedia. Un todo que intenta explicar la realidad desde el terreno del arte.