Licenciado en Letras. Editor. Presidente de Monte Ávila Editores. Con más entusiasmo que recursos, está allí celebrando los 50 años de la editorial. Enamorado del libro desde hace mucho tiempo. Cuando estuvo como director de Publicaciones en el Ministerio de Comunicaciones, publicó tantos libros que ya ni recuerda el número. Es Gabriel González

¿Cómo reciben en Monte Ávila Editores estos 50 años?

Conscientes de tener un patrimonio que refleja muchas lecturas de nuestro modo de pensar y de leernos, locales y universales. Somos parte de una especie de ecosistema frágil, necesario y poderoso: el del libro. Y estamos orgullosos de preservar este acervo y de darle continuidad. Hemos estado revolviendo la biblioteca que conforma la producción de Monte Ávila Editores de estos cincuenta años. Nos asombra la vigencia de los cerca de 2.800 títulos. Es un motivo para celebrar a los editores y trabajadores de esta casa desde su fundación hasta hoy, por el acierto de su elección. Por ejemplo, abrimos el primer título de la Editorial, La Ilustración y la sociedad actual, de Lucien Goldmann, y encontramos retratos de hoy. Advertimos un diálogo con otro libro que estamos reeditando, El orden de El Capital, Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2010, que plantea la ideología de la Ilustración como clave central para comprender a Marx.

¿En verdad usted cree que hay algo que celebrar en la cultura venezolana?

Los libros expresan una acumulación del imaginario, del pensamiento, de nuestra cultura. Quiero decir que mucho de lo que leemos lo hemos vivido; estamos hechos de las palabras de nuestra cultura. “Somos lo que leemos”, dice el lema de este aniversario. En cada lector venezolano (no solo en su biblioteca) existe por lo menos un libro publicado por Monte Ávila Editores. Un país libre de analfabetismo, el que nos dejó Chávez, es un motivo de celebración. Un esfuerzo editorial sostenido durante todo su Gobierno. Recordemos que El Perro y la Rana produjo, en esta década, más de 4.500 títulos. Millones de ejemplares gratuitos de libros, además de El Quijote y de Los miserables, se entregaron al pueblo en estos tiempos.

¿Cuáles han sido los libros más leídos de la editorial?

Las publicadas en la colección ElDorado: Memorias de Mama Blanca; Ana Isabel, una niña decente; Piedra de mar; El mago de la cara de vidrio; Cuentos grotescos, La Tuna de Oro; La trepadora. La colección quizá de mayor tiraje es la Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, 57 títulos por 35.000 ejemplares. Dos colecciones que nos indican el aprecio de los lectores por obras de no ficción, son Estudios y Milenio Libre. La primera es la de más títulos en la historia de la editorial; la segunda es una de las de mayor venta.

¿Tiene sentido ser culto en este país?

Es parte de la soberanía. “Ser cultos para ser libres”, más o menos dijo Martí. Esta Revolución Bolivariana depende de la libertad del ser humano. Tiene sentido que la gente haga deporte, que aprendamos a coser, a bailar, a hacer cerámica, jabones, pasta dental, harina de maíz, ilustraciones, música; que aprendamos a vivir, a hacer y a pensar. Siempre incito a la gente a ocuparse de trabajos productivos. Es un reto que tratemos de ser más cultos para ayudar a otros. El psicólogo o el economista más formado debe ser la persona más útil entre nosotros. Los lectores como Luis Britto García o Eleazar Díaz Rangel son de los que más iluminan cuando escriben. A pesar de las derrotas, nuestro orgullo está lleno de gente culta: Miranda, Bolívar, Pocaterra, Gallegos, Cabrujas, Acosta Saignes, Pereira, Convit.

Y el futuro, ¿hay futuro en la edición de literatura venezolana?

Siempre encontramos esta contradicción: los nostálgicos piensan que todo pasado fue mejor. No aceptan que el hombre moderno tiene más herramientas para vivir que el del pasado. La literatura tiende a modificarse como un ser humano. Por esa razón pienso que no hay futuro sin literatura, por más que existan momentos de crisis productiva. Nos lo enseña la dialéctica: La crisis es una partera. Pero no debemos dejar de apreciar que el libro es un producto que genera beneficio, es un hecho objetivo, detrás de esto hay un sistema que debemos estimular. En la medida en que los autores, investigadores, escriban, y tengan paz económica para vivir, tendremos mejores obras. Para esto es necesario que las editoriales tengan buena salud y que exista competencia, incluida la de la iniciativa privada. La diversidad da buenos frutos.

Por Roberto Malaver

 

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Entrevista: Roberto Malaver
Fuente: Ciudad CSS