El lector que se acerque a la obra de Humberto Mata podrá distinguir la visión peculiar y atrevida que el autor tiene del ser humano. Sus ojos claros son quizás mirada irónica que esconde rareza, oscuridad y misterio. ¿Qué hay detrás de la claridad de su mirada? La pregunta surgió después de la entrevista. Por desgracia o por fortuna al conversar con el escritor surgen más interrogantes que aclaraciones.

El narrador nos habló acerca de su experiencia con lo literario. Después de leer las palabras del escritor, somos libres para opinar si se puede conocer algo sobre su vida o sólo comprobar que es intriga y curiosidad sin respuesta, igual que su obra. Lo que sí podemos afirmar con seguridad es que resulta fascinante el mundo literario y reflexivo del autor. Actualmente está a cargo de la presidencia de la Fundación Biblioteca Ayacucho. En el 2007 Monte Ávila reeditó dentro de la colección Continentes su libro Boquerón y otros relatos.

 

¿Qué lo lleva a usted a escribir sus obras? ¿Qué lo motiva?

Empezamos por la pregunta más difícil. No sé, francamente no puedo decir una razón exacta. Yo quería ser músico pero fracasé en ese intento y de pronto me vi escribiendo. No tenía la menor idea de por qué lo estaba haciendo. Me puse a escribir como intentos de algo y de ahí fue saliendo, poco a poco, lo que a la larga sería mi primer libro.

Como autor, ¿qué le interesa que expresen sus personajes?

Siempre busqué expresar esa situación de soledad que es rara y, sin embargo, muy común en los seres humanos. Vengo del Delta y esa es una región grande y muy sola. Tú puedes estar en el Delta metido en un caño y no ver a nadie, nunca. Puedes pasar un día, dos días, tres días y no ves a nadie. Es una situación de soledad, normal en mi vida o en la vida de cualquier deltano.

¿Vale la pena escribir sin riesgos?

El mayor riesgo del mundo es escribir. Yo no creo que haya un riesgo más grande que ponerse a escribir, es tremendo. Ahora si dices “sin riesgo” como sinónimo de sin compromiso, no. Todos tenemos un compromiso. Estamos vivos y vivimos en una sociedad, en un mundo. No somos seres solos tirados en el mundo. Un filósofo llegó a hablar acerca del mundo y sus circunstancias. El hombre no es un hombre solo, es el hombre y sus circunstancias.

¿Qué es la literatura para usted?

Pues habiendo fracasado como músico, la literatura se convirtió en el centro de mi vida y de ahí en adelante ha sido el centro y seguirá siendo para siempre el centro. A veces pasan otras cosas en el mundo, pero lo que pasa es la literatura.

¿Qué significado tiene para usted la ironía en la escritura y en la vida?

Han dicho que yo soy irónico. Muchos dicen eso, Sael Ibáñez habla de mi ironía permanente. Yo no sé, no sé si soy irónico, jajajajaja, de pronto es algo natural que está en mí, no que yo lo busque. Yo no quiero ser irónico.

La muerte es un tema recurrente en su obra. Por ejemplo, en Boquerón y otros relatos, que ha sido reeditado en 2007 por Monte Ávila, está presente el tópico de la muerte en “El Amortajador”, “El Gavilán”, “Boquerón”. ¿A qué se debe esto?

El otro lado de la soledad es la muerte, no es extraño que un tema mío sea la muerte. Yo podría decir esto y me podrían decir “ya se está poniendo viejo”. Dicen que cuando uno tiene más edad recurre más a la muerte. Pero es mentira, cuando uno tiene más edad uno piensa menos en la muerte o si piensa la esconde. No es mi caso, allí está.

En Boquerón y otros relatos se respira un aire a Edgar Allan Poe. ¿Considera a Poe una influencia en su escritura y sí lo hace, de qué manera ha influido?

Más que escribir uno lee mucho, al menos yo. Yo he leído muchas veces a Poe, lo vuelvo a leer y lo olvido. Cuando lo olvido mucho tiempo comienzo a escribir y me salen cosas que me refieren a Poe. Eso quiere decir que yo tenía muchísimos años que no leía a Poe cuando escribí esas cosas. Yo creo que para cualquier autor de relatos Poe es una imagen permanente que está allí, como es Cortázar por supuesto, como es Borges, son tantos.

¿Qué autores han influido en usted como escritor?

Borges, Cortázar, Kafka. Franz Kafka. Muchisímo, muchísimo, muchísimo Franz Kafka.

En su relato “El Gavilán” uno de los personajes reflexiona acerca de si el hombre está o no en la cima de la evolución. Esta reflexión da cuenta de la originalidad del autor debido a que la creencia tradicional es pensar que el hombre es el ser más evolucionado. ¿Qué le interesa mostrar al escritor con el planteamiento de este tema, que el hombre quizás no sea el más evolucionado?

Yo creo que no lo es, definitivamente. Yo creo que estamos en un extraño estado medieval de la evolución. Somos seres muy imperfectos, demasiado. Quizás en eso esté también nuestra delicia, en tanta imperfección que tenemos, tantas cosas que no podemos resolver o no nos da la gana de resolver. Es decir, que ahorita haya una guerra, cualquier guerra, es una cosa insólita que pueda ocurrir eso, que alguien esté matando a otro, eso es insólito. Eso habla de un atraso absoluto de la civilización, imperdonable además. O quizás el destino nuestro sea ese, también puede ser. Hay quien piensa eso, que el destino es la destrucción. Yo no creo que deba ser, pero sí creo que somos muy imperfectos. Sin embargo, me gusta esa imperfección, me gusta vivir lo que vivo.

 

 

El misterio forma parte de su escritura. ¿Qué busca transmitir el escritor con esa idea de que quede una incógnita en los relatos, algo oculto que no se sabe si puede ser descubierto o no?

Tiene que ver con la pregunta anterior. Quizás seamos tan poco evolucionados que no tenemos soluciones para casi nada en la vida.

¿En qué se inspiró para crear el relato “Boquerón” con el que obtuvo el Premio del Concurso de Cuentos de El Nacional, en el año 1992? ¿Qué lo llevó a reflejar ese mundo de los mendigos?

Siempre me interesó, casi de una manera perversa, vamos a ser sinceros, me interesó muchísimo la vida del indigente. Por qué, no te sé decir, pero me interesó siempre, muchísimo. Yo era atractivo, sigo siendo atractivo para los indigentes, ellos se acercan a mí. Se acercan sin ningún motivo. A veces me asustan pero se acercan. Me invitan a que tome un trago con ellos, yo aceptaba a veces, ahorita ya no porque no puedo tomar, pero antes aceptaba y eso me llevó a ver cómo pensarían ellos el mundo. Supongamos que ellos nos ven como seres despreciables, supongamos que para ellos nosotros somos cosas que no han evolucionado, que se quedaron en algo extraño, supongamos que ellos son un paso más allá de nosotros y no como nosotros los vemos, un paso más acá. Supongamos eso, que además puede ser perfectamente válido, no veo por qué no. Si suponemos todo eso podemos comenzar a escribir “Boquerón”. Además yo quería hacer un relato como siempre, que fuera policial sin ser policial.

Actualmente es el presidente de la Fundación Biblioteca Ayacucho ¿Trabaja usted mejor bajo presión?

El hombre es el hombre y sus circunstancias. La circunstancia me dijo que yo debo hacer este trabajo maravilloso de la Biblioteca Ayacucho. Me entrego a él absoluta y totalmente. A veces tengo tiempo de escribir, lo uso y escribo. Leo muchísimo, sigo leyendo muchísimo, ahora mucho más que antes, duermo cada vez menos y escribo a veces.

¿Coincide lo que está viviendo con sus sueños?

Bastante, pero lo que espero tener realmente alguna vez es una librería. Una librería pequeñita de libros muy extraños. Eso es lo que quiero.

¿Cuál es su opinión de la literatura latinoamericana actual?

La literatura es algo que se da, se va dando y se sigue dando, independientemente de nosotros. En el mundo siempre hay buena literatura y mala literatura aunque Borges diría hay literatura y lo demás no es. En Latinoamérica hay muy buenos escritores, realmente muy buenos escritores como los hubo en el pasado. En Venezuela yo creo que vamos hacia una escritura que está todavía por salir, el proceso que vive el país se tiene que reflejar en algún momento en su literatura. Eso lo estamos esperando y ya vendrá, dentro de veinte años, treinta años, tendremos una hermosa literatura.

 

 

 

Maelca|Patricia González (2009)