(8/06/18) Francisco Massiani es el conocido autor de Piedra de mar (Monte Ávila Editores, 1968), novela que se ha convertido en un best seller en el país y que ha logrado hacerse un espacio en la memoria de todos los venezolanos. A sus 74, años el escritor acudió a un conversatorio sobre su obra, organizado por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y Monte Ávila Editores en el marco de la exposición «50 años editando continentes», que inauguró el 24 de abril del presente año en el Foro Libertador, para celebrar las cinco décadas de vida editorial.

Los periodistas Mercedes Chacín y Gustavo Mérida, del diario Ciudad CCS, fueron los encargados de acompañar al Maestro en el «Rincón Piedra de mar» dispuesto en la exposición para rendir homenaje a una de las novelas más importantes en la historia de la literatura venezolana.

Además de lectores, poetas, familiares y amigos del autor, asistieron al conversatorio Níyume Figueroa, estudiante de la Escuela Nacional de Cine, y su director de Fotografía, Nelson Acosta, quienes desde diciembre llevan a cabo la filmación de un documental sobre la obra de Massiani. Figueroa señaló que están en la última semana del proceso de grabación del filme.

 

El ambiente estuvo animado con la jocosidad y la vitalidad de Pancho, que sigue tan lúcido como cuando escribió su primera novela a los 24 años. Su franqueza hizo sentir a todos bienvenidos y disipó cualquier miedo a preguntar. Fue una especie de reunión entre viejos amigos que fueron a ponerse al día y seguidores que aprovecharon la ocasión para declararle su respeto y admiración.

Las anécdotas no faltaron. Jesús Márquez, amigo del autor, le pidió relatar un poco sobre la Caracas antigua. «El Chicken Bar era un negocio maravilloso que quedaba al lado de la librería Suma, esa librería era magnífica, se conseguían títulos de México, de Argentina; en todo caso en Caracas, la librería Suma estaba muy bien surtida. El Chicken Bar era un negocio donde atrás se podía comer y adelante había unas mesas con sus butacas, y siempre que uno llegaba encontraba gente conocida. Por ejemplo, encontraba a Mario Abreu, el pintor; aparecía Héctor Myerston, el actor. Un día vi a Mariano Otero, vi a Luis Alberto Crespo, Oscar Díaz Punceles y Benjamin Freedman, que lo llegué a ver una vez por ahí. Era un lugar encantador, se tomaba cerveza, se podía fumar y uno pasaba ratos encantadores».

El público le preguntó cuál es la receta que, desde su experiencia, recomendaría a las personas que quieren aventurarse a escribir, y él que respondió: «Yo creo que no existe una receta. Se escribe o no se escribe. Hay el don, que lo llaman “ángel” también. García Lorca llamaba “el duende”, unos nacen con el duende y otros no. Ese duende va creciendo dentro de ellos en el pecho, como un corazón enamorado y escriben, y si no tienen el duende no lo hacen. No existe receta, se nace con eso o no».

El poeta Oswaldo Flores, asistente a la actividad, comentó que al contrario de la mayoría de los lectores, conoció a Massiani por su poesía, particularmente con El señor de la ternura (Monte Ávila Editores, 2007). Y destacó que en los poemas contenidos en ese libro hay una ternura muy particular, que también ha encontrado en alguno de sus cuentos. Por lo que su pregunta para el autor fue qué relación tiene con la poesía y cómo la ve.

«La poesía es muy difícil, escribir un solo poema bueno es dificilísimo. Siempre que pienso en la poesía considero que debe ser sentida pero muy honda. Y la asocio al ilusionista que frente al público saca de un sombrero un conejo. Debe la poesía seducirnos tanto como el ilusionista antes de sacar el conejo y como el ilusionista una vez que ya saca el pobre conejo del sombrero. De lo contrario, si no nos seduce de esa manera, ya la poesía no vale mayor cosa. La poesía es la cosa más difícil que hay. Con respecto a El señor de la ternura es un libro que a mí me gustó mucho. Que hay dos libros en realidad, El señor de la ternura y Volveré a tomar un barco. Pero también están los poemas de Corsarios ((Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2011)».

A propósito de esto, la periodista Mercedes Chacín le preguntó si era un hombre tierno. «Eso no lo sé, eso lo pueden decir los demás, yo no. Porque a veces, cuando me faltan cigarros, por ejemplo me vuelvo un energúmeno (risas). No sé si soy tierno o no, pero lo que sí es cierto, es que siento una ¡profunda ternura por mi hija Alejandra!», respondió el autor conmovido por su hija, quien también estuvo presente en la actividad.

Otra de las inquietudes planteadas en el conversatorio fue ¿cuál es la concepción de literatura para Francisco Massiani? Contestó que esa era una de las preguntas más difíciles de contestar: «La literatura es una voz interna, que me pide que escriba lo que voy pensando y lo que voy sintiendo. La literatura es maravillosa. De hecho, una hermosa novela es una aventura magnífica, una aventura interior que vale la pena. No sé exactamente qué es la literatura, pero creo saber qué significa escribir».

Entre algunos de los autores venezolanos actuales que destacó como excelentes narradores mencionó a Oscar Marcano, Federico Vega y Ana Teresa Torres.

Asimismo, manifestó estar trabajando en la actualidad en tres libros inéditos: «Un relato largo que se llama Feliz, una novela que se llama El amor nuestro, y una novela que se llama El mar, el barco y nuestro amor. Esa novela se junta con otra para llegar a otra novela que se titula Allá lejos muy lejos pero muy cerca de mi corazón, parece una canción de Agustín Lara».

Las palabras finales de Pancho Massiani en este ameno encuentro fueron: «He pasado un rato encantador con ustedes, procuren ser felices que es lo único que vale la pena en la vida, hay que apostar a la felicidad».

Para culminar, Beira Lisboa, coordinadora editorial de Monte Ávila Editores Latinoamericana, invitó a estar atentos de la próxima publicación de Piedra de mar en homenaje a sus 50 años. Igualmente convocó a los asistentes a recorrer la exposición «50 años editando continentes», y a que visiten la exposición «Letras y rostros de América», en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, en Altamira, y que estará abierta al público hasta el mes de agosto.

 

PRENSA/MAELCA