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Altazor o el viaje en paracaídas

Blanco nocturno

7 enero, 2017 Comentarios (0) Vistas: 622 Colección Altazor, Colecciones

Poemas para formar un río

Descubrir a Margarito Cuéllar, en cuyos versos podemos observar desparpajo (“Poema para formar un río”), reflexión filosófica (“Meditación de una vaca”), o contemplación animalista (“Réquiem por una res tirada”), entre otras miradas, es presenciar el oficio de la palabra como instrumento para delimitar vida de acomodo; falsedad, cáscara, sustancia. El poeta desgrana la mazorca del sentido y se queda con lo que nutre (no en vano nació en Ciudad del Maíz), la esencia. Como la de Withman, su herencia es coral y está constituida por braceros, estibadores, recolectores de fresas. Encarnando sus voces, su poesía está de vuelta; en medio del espejismo citadino, de la utopía. Cuéllar no aspira bustos ni reconocimiento, pues evade el recuerdo (“nada de tu vida anterior vale la pena”); quiere apreciar el aquí y el ahora, y destellos que iluminen y al mismo tiempo sean punzantes.

 

Esta selección, llevada a cabo por el mismo autor, responde a un criterio más vivencial y sentimental que cronológico. En palabras del mismo Cuéllar: “el poema sube al ring sin malas ni buenas compañías anteriores, y se muestra al lector en su vestidura simple o compleja, proponiendo una lectura diferente a la que se sometió en su edición original”.

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